Si la depresión en los mayores se suele pasar por alto o justificar como un proceso relacionado con la edad, en el caso de que aparezca en personas con demencia, que por sí genera síntomas comunes a la depresión y que tienen una dificultad progresiva para expresar sus emociones, la situación se complica todavía más.

Sin embargo, la depresión tiene una elevada frecuencia en las personas con demencia (desde un 8% hasta un 57% en diferentes estudios), y provoca un deterioro desproporcionado respecto al grado de progresión de la demencia. Por ello, al ser una condición tratable (aunque la respuesta al tratamiento no suele ser tan buena como en la depresión en personas sin demencia), es importante su diagnóstico.

Para el diagnóstico de depresión en las personas con demencia debemos observar que (1) la persona se muestra triste (llanto, expresión triste, voz apagada) y/o (2) su respuesta afectiva/ capacidad de disfrutar frente al contacto social ó actividades previamente placenteras ha disminuido. Otros síntomas que pueden aparecer asociados son: (3) irritabilidad (se enfada con facilidad); (4) aislamiento social; (5) disminución en el apetito; (6) problemas en el sueño (les cuesta más coger el sueño, se despiertan varias veces durante la noche, se despiertan más temprano de lo habitual); (7) cansancio/ pérdida de energía; (8) cambios motores (bien sea inquietud ó lentitud en sus movimientos y respuestas); (9) sentimientos de inutilidad/ culpa/ pesimismo desproporcionados; y (10) pensamientos recurrentes de muerte o suicidio. El diagnóstico de depresión requiere la presencia de al menos 3 síntomas, persistentes durante al menos 2 semanas. Los sentimientos y/o pensamientos de tipo depresivo (9)(10) son más específicos de la depresión que los síntomas físicos y los cambios de conducta. Para evaluar si estos últimos se deben a una depresión debemos tener en cuenta si han aparecido de forma relativamente rápida (en menos de 1 mes); descartando, como nunca insistiremos suficiente, que sean debidos a una enfermedad física o al efecto de una medicación. Otra pista a favor de la depresión, aunque no es un hallazgo constante, podría ser que la persona muestre un empeoramiento por las mañanas, al despertar, y vaya mejorando a lo largo del día; en la demencia ocurre habitualmente lo contrario, el estado suele empeorar al final del día.

A menudo se confunde la depresión con un síntoma todavía más frecuente (19-51%) y persistente (20-55%) en los diferentes tipos de demencia: la apatía. La apatía se caracteriza como la depresión por una disminución en la iniciativa y el interés para implicarse en actividades y la interacción social; sin embargo, la persona con apatía no muestra tristeza ni otros sentimientos negativos, sino un afecto “plano”, invariable, indiferente a lo que sucede a su alrededor. Es importante no confundir la apatía con la depresión, porque algunos antidepresivos pueden no sólo no mejorar, sino empeorar los síntomas de apatía.

FUENTEs

Van Der Linde et al. Longitudinal course of behavioral and psychological symptoms of dementia: a systematic review. BJPsych 2016; 209:366-377

Olin JT, Schneider LS, Katz IR et al. Provisional diagnostic criteria for depression of Alzheimer disease. Am J Geriatr Psychiatry 2002; 10(2):125-8.

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