Las personas con daño cerebral sufren con frecuencia síntomas de depresión, que suelen pasarse por alto por diferentes circunstancias.

Por un lado, algunos síntomas de la depresión (concretamente el cansancio, los cambios en el apetito y en el sueño, y la falta de concentración) son síntomas muy frecuentes tras el daño cerebral. Por otra parte, en el daño cerebral los síntomas de depresión pueden ser más difusos y no cumplir los criterios requeridos para el diagnóstico de depresión. Además, tienden a considerarse una consecuencia “normal” del proceso, incluso por parte de los propios profesionales.

El daño cerebral casi siempre supone una interrupción del funcionamiento previo de la persona, en relación al trabajo, a la práctica de aficiones, a los roles en la familia, al grado de autonomía, etc.; exige por tanto un importante esfuerzo de adaptación de la persona afectada (y de sus familiares). En este contexto, los síntomas depresivos tienden a ser considerados “normales”.. Pero en algunos casos estos síntomas persisten, y causan por sí mismos un deterioro en el funcionamiento mayor al esperado por el daño cerebral: abandono de actividades, disminución de rendimiento, aislamiento social. En estos casos, es cuando hablamos de depresión clínica, y no abordarla es una negligencia que puede ensombrecer el pronóstico de recuperación e incluso implicar riesgos graves, incluido el suicidio.

Hay que señalar que la presencia de depresión clínica no implica que la persona sea más débil y no haya superado por ello el reto de adaptación a los importantes cambios que ha sufrido su vida. El grado de apoyo social con el que cuente va a ser un factor importante. Pero además de los factores psicológicos y sociales, el daño de determinadas regiones del cerebro incrementa el riesgo de sufrir depresión, por lo que se considera que en los pacientes con daño cerebral la depresión tiene un origen mixto.

La evolución por un médico especialista es importante, porque la depresión en el daño cerebral puede confundirse con otros cuadros cuyo abordaje es diferente (trastorno bipolar, afecto pseudobulbar, apatía).

Si queréis que sigamos hablando de consejos para personas con depresión y sus familiares, atentos a la próxima entrada. 🥁

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Fuente: Rao V, Vaishnavi S. The traumatized brain. Johns Hopkins Press Health Book.

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