Motivada por la historia de una querida paciente y por la ambivalencia con que la sociedad mira hacia la enfermedad mental, hoy quiero hablaros de la depresión.

Parece que la sociedad ha aceptado el término depresión dentro de la “normalidad” y en general no se estigmatiza como otras enfermedades mentales; tanto se ha normalizado que muchas personas dicen que tienen depresión cuando pierden un trabajo, cuando rompen con su pareja, cuando han discutido con una amiga.. cuando en realidad lo que quieren decir es que se sienten tristes o preocupadas.

El peligro de esta normalización, más allá de medicalizar la vida cotidiana, es que cuando alguien sufre una depresión (esta vez hablo de enfermedad) las personas del entorno le preguntan por la causa, o peor, si no la encuentran le reprochan que no tiene motivos para estar deprimido.. incrementando la desesperación y la culpa que las personas con depresión sienten con frecuencia.

La depresión es una enfermedad que no se puede ver en las pruebas diagnósticas, pero la depresión “de verdad” se ve y se escucha.. La persona con depresión se siente triste de una forma inusual, diferente a la tristeza que haya podido sentir en algunas circunstancias adversas en su vida, sin motivo concreto, o de forma desproporcionada a los motivos que pudiera tener en esos momentos. Habitualmente pierde el interés por las actividades que normalmente le gusta hacer y/o por relacionarse con los demás. Aunque lo intente, le cuesta disfrutar de estas actividades y relaciones igual que antes. Predominan los pensamientos negativos y la persona tiende a hacer una valoración negativa de su situación presente y de su futuro, pudiendo llegar a sentirse sin esperanza. También es frecuente que se reproche sucesos del pasado. En algunos casos graves estas preocupaciones no concuerdan con la situación real (ej. pensamientos de ruina, de padecer una enfermedad incurable, de que pueden condenarle por algo que ha hecho). La persona con depresión suele mostrar un semblante serio, una disminución de la expresión emocional, una postura corporal de repliegue. Habitualmente tiene dificultad para concentrarse y, por tanto, más despistes y fallos de memoria. Con frecuencia el apetito disminuye y tiene insomnio, aunque puede suceder de forma inversa, un aumento del apetito y de las horas de sueño.

La depresión, al igual que todas las enfermedades, no tiene una única causa, hay distintos factores que pueden actuar como predisponentes, precipitantes y/o mantenedores: a) factores biológicos (sobre todo en personas con antecedentes familiares; enfermedades físicas que predisponen a la depresión, etc.), b) factores psicológicos (los mecanismos de afrontamiento de cada uno frente a circunstancias adversas, las formas que tenemos de valorar diversas situaciones o nuestra interacción con los demás, etc.) y c) factores sociales (problemas socio-laborales, económicos, falta de apoyo social, etc.).

Cuando preguntamos ¿por qué estás deprimido?, o cuando le decimos a la persona deprimida que no tiene motivos para estarlo, nos centramos en su estado de salud y en sus circunstancias sociales; pero olvidamos que la depresión “de verdad”, aunque aparezca en este contexto, se vuelve una condición independiente y la mayoría de las veces genera más sufrimiento e incapacidad que cualquier otra condición médica.. Aprender esto a mi me llevó a enamorarme de la Psiquiatría, con el objetivo y deseo de aliviar el sufrimiento de tantas personas que sufren depresión, “la de verdad”.

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