Las decisiones económicas implican habilidades complejas, como el uso de conceptos económicos, la capacidad para realizar operaciones de diferente dificultad y la capacidad de planificar y tomar decisiones. Por eso la competencia para este tipo de decisiones suele verse afectada desde fases iniciales del deterioro cognitivo.

La capacidad para decisiones económicas es un constructo complejo que no sólo depende de la capacidad cognitiva, sino que también puede verse afectada por alteraciones emocionales graves o enfermedades que producen una desestructuración del pensamiento.

El diagnóstico de deterioro cognitivo leve o demencia, la sospecha de deterioro cognitivo mediante un test de cribado cognitivo (MEC <24), la presencia de alteraciones emocionales, un aspecto descuidado, la reciente delegación de gestiones económicas en familiares o el fallecimiento del familiar que llevaba a cabo estas tareas, y el acompañamiento de un paciente que previamente acudía solo, debe hacernos sospechar a los profesionales una probable pérdida de la competencia económica.

Los pacientes o sus familiares pueden informar también de algunos signos de alarma, como dificultad para gestionar los cambios cuando realiza compras, para el control de recibos y para atender a sus inversiones y patrimonio; olvido en pago de recibos y rentas; desaparición de fondos en las cuentas bancarias; actos de generosidad no consistentes con su trayectoria vital; haber sido víctima de timadores; una preocupación obsesiva por los asuntos económicos, o ideación delirante de perjuicio económico.

El manejo de estas dificultades a menudo no es fácil. Con frecuencia la persona no es consciente de sus dificultades, por lo que debe darse mayor validez al relato de la familia. No obstante, teniendo en cuenta que el abuso financiero afecta 1-5% de los mayores y puede adoptar formas muy sutiles, los profesionales debemos ser siempre cautos y, además de contrastar la información en la medida de lo posible, hacer una evaluación detallada de la competencia económica.

Como medidas a seguir, se recomienda informar a los pacientes tras el diagnóstico de deterioro cognitivo del probable impacto que la enfermedad tendrá en la capacidad financiera, los signos de alerta (ya comentados) que podrían indicar pérdida de esta capacidad, y la probable falta de conciencia por su parte de estas dificultades. En esta situación, se puede recomendar la automatización de pagos y recibos, poner en conocimiento del banco las dificultades y autorizar a un familiar responsable para supervisar operaciones bancarias. Estas medidas pueden ser suficientes en pacientes que requieran únicamente supervisión, que pueden tener dificultades operativas, para calcular pagos o cambios, pero mantienen capacidad para discutir las decisiones y expresar su opinión. En caso de desacuerdo entre la opinión de los pacientes y la figura de apoyo financiero, como forma de evitar situaciones de abuso, se aconsejan los poderes notariales para acciones financieras o, en último término, la tutela judicial para asuntos económicos, que no tiene porque implicar la incapacitación global.

Fuente: Competencia en demencia. Manual de uso clínico. LC Álvaro. Ed Panamericana (2018)

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