Las alteraciones en la conducta pueden ser un “cajón de sastre”, en el que cabría cualquier comportamiento que el entorno social juzgue como anormal. La finalidad de esta entrada, y la de la próxima semana, será definir qué tipo de conductas pueden aparecer en el contexto de una demencia; y trataré de referirme específicamente a las fases prodrómicas de la demencia, antes de la manifestación evidente de la enfermedad.

La escala de Deterioro Conductual Leve (DCoL) (criterios ISTAART-AA) dedica a este apartado un buen número de preguntas, subrayando la importancia que estos cambios de conducta tienen en fases previas a la demencia y la frecuencia en que los encontramos en la práctica clínica.

Incluye:

  • irritabilidad, inquietud/ agitación*, agresividad (verbal o física)
  • obsesiones, mayor rigidez cognitiva (“tozudez”); discute sin entrar en razones
  • comportamientos repetitivos, perseverantes (habitualmente las familias las describen como “manías”; es muy frecuente en demencia la conducta de revolver los cajones o armarios).
  • acumulación de objetos
  • baja tolerancia a frustración, impaciencia
  • conducta impulsiva, sin tener en cuenta las consecuencias
  • conducta sexual desinhibida o invasiva
  • imprudencia al volante
  • consumo perjudicial de fármacos, alcohol u otras drogas; problemas con el juego; hurtos..
  • cambios en la conducta alimentaria: insiste en comer solo determinados alimentos o comer en un determinado orden, come más o menos de lo habitual, no disfruta de la comida..

Es muy importante valorar si estas conductas suponen un cambio respecto a la personalidad habitual; pues la mayoría de ellas pueden ser rasgos que encontramos con frecuencia en personas sanas.

En este apartado me parece importante señalar que a menudo hablamos de *agitación de un paciente para referirnos a conductas muy heterogéneas, especialmente en entorno hospitalario, sin analizar habitualmente sus características específicas y en qué contexto aparece. Para hablar de agitación en la demencia es necesario que observemos signos de tensión emocional en la persona acompañando la conducta, por ejemplo cambios rápidos de humor, irritabilidad o explosiones de ira. Y para plantearnos tratamiento debe tener carácter persistente o recurrente; y tener repercusión funcional (relaciones personales, funcionamiento social, actividades de la vida diaria,) no sólo resultar molesta para su entorno. No obstante, estos criterios para la definición de “agitación” se han establecido para personas con deterioro cognitivo ya manifiesto, y no para las fases previas. (Cummings, 2015)

Frente a cambios de conducta en los mayores, especialmente si sospechamos una demencia, debemos siempre valorar los diferentes factores que puedan influir en la misma; que pueden guardar relación con el estado médico de la persona, con el cuidador con el entorno.

Si, como cuidador o profesional, te interesa saber más sobre cómo afrontar estas conductas, comparto el enlace a algunos consejos útiles que publiqué en mi blog demencia24h:

  • Método para el control de la agresividad: “BANGS” (de: S Macaulay. myalzheimerstory.com)

Fuentes:

ISTAART AA Research Diagnostic Criteria for Mild Behavioral Impairment Criteria. Ismail, 2016.

Cummings, 2015. Agitation in cognitive disorders. International Psychogeriatrics 27: 1, 7-17.

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